La adicción no es el problema, es la solución que encontraste.
Desde el psicoanálisis, la adicción no se entiende como un simple hábito ni como una falta de voluntad. Se escucha como un síntoma. Y todo síntoma tiene una historia.
Nadie se vuelve adicto “porque sí”. Hay algo que insiste, algo que no pudo ser dicho, algo que quedó sin tramitar. En muchos casos, ese origen se remonta a los primeros vínculos: a la infancia, al modo en que fuimos mirados, sostenidos —o no— por quienes nos rodeaban.
Cuando ciertas experiencias dejan huella —falta de presencia, afecto inestable, exigencia excesiva o vacío emocional—, el psiquismo busca maneras de arreglárselas con eso. No siempre de forma consciente. No siempre de forma saludable.
Ahí es donde aparece la adicción.
No como un enemigo, sino como un intento de regulación. Una forma de calmar la angustia, de llenar un vacío, de anestesiar lo que duele o incluso de sostener una identidad cuando todo lo demás tambalea.